Juan Carlos Almaraz
Felipe Reyes Santiago, ya ni camina igual. Se le nota. Le cambió el modo de andar, la mirada y hasta la forma de saludar.
Dicen los abuelos que el poder marea a los tontos, y en Candelaria Loxicha lo estamos comprobando a diario. Aquel Felipe que andaba en campaña saludando y abrazando a sus paisanos, cargando a los niños y prometiendo hasta lo que no, hoy es otro. Hoy elude a la gente en la calle, agacha la cabeza, se hace el que no ve. No contesta un mensaje, menos responde una llamada. El pueblo le habla y él se esconde.
¿Se mareó solo o lo mareó el poder? ¿O qué será que su amo no lo deja?
Porque en cada esquina, en las cantinas, en el patio de la iglesia, en los medios de transporte, se escucha lo mismo: Felipe no manda en Candelaria. El que manda es el chile de todos los moles, Fermín Ambrocio Pérez, y eso ya no es chisme, es un secreto a voces.
Teníamos tantas necesidades, tanta esperanza. Dijimos: “Viene un presidente joven, preparado, simpático, por fin a cambiar la cosa”. Puras ilusiones. Pasó lo de siempre. Apenas se sientan en el trono, se les tapa el oído. Se vuelven sordos, ciegos y soberbios. El pueblo les vale madre.
Y si quieren la prueba de quién manda, asómense al cabildo. Eso no es ayuntamiento, es la oficina de colocaciones de la familia Ambrocio Pérez.
* La regidora de Hacienda, sobrina directa de Fermín, hija de su hermano José Ángel.
* El tesorero: incondicional de toda la vida de Fermín, el que le cuida la bolsa.
* El regidor de Obras, puesto por Fermín.
* Hasta en la Policía Municipal tiene a tres hermanos que son su gente.
¡Carajo! ¿En qué municipio estamos? ¿Gobierna Candelaria o gobierna Fermín Ambrocio Pérez? Si seguimos escarbando, sacamos a toda la parentela, pero vamos a irnos despacio, con calma, para no desperdiciar el material que tenemos guardado. Porque tenemos mucho, y todo bien documentado.
Y lo que más duele no es solo la incapacidad, es la vil traición. Felipe traicionó al partido del Caracol que le dio de comer, que le dio nombre, que lo hizo figurar por años. Lo traicionó sin pudor. ¿Por qué se salió? ¿Qué le prometieron? Pronto se los vamos a contar.
Y para cerrar con broche de cinismo, ahí está el teatro del dizque atentado. Ese autoatentado que el mismo armó y que anduvo llorando por todos los medios a su alcance, por radio, por Facebook, por donde pudo, para hacerse pasar como víctima. Víctima de quién, si el pueblo lo que quiere son resultados. Quiso dar lástima cuando lo que da es coraje.
Felipe, bájate de la nube. El pueblo de Candelaria no es tonto. Te quedó grande el cargo y se te nota a leguas que no mandas.
Esto apenas empieza, seguiremos informando.
