Juan Carlos Almaraz
Hay un adagio popular que reza: «El que con lobos anda, a aullar se enseña». Y no hay que ir lejos para emular al lobo, pues él mismo lo buscó a sabiendas, hasta el grado de ser quien le tomó la protesta como presidente municipal de Candelaria Loxicha.
Nos da gusto saber que ya hay voces que se atreven a señalar presuntos actos de corrupción en el municipio de Candelaria Loxicha, y no es para menos.
Una pluma muy conocida en la región dio a conocer el monto desproporcionado de la obra de rastreo en una de las comunidades de Candelaria Loxicha: 3.5 millones de pesos.
La verdad, se necesita tener poca vergüenza, o de plano no conocerla. Y es que la autorización y validación pasó por manos de Felipe Reyes, regidor de Obras, la regidora de Hacienda, el tesorero y los contralores, todos señalados como incondicionales de Fermín Ambricio Pérez.
Comentarios de conocedores de la materia, ingenieros, hacen aclaraciones precisas sobre el costo real de esta obra, que no llegaría ni al millón de pesos.
Nos preguntamos: ¿hasta cuándo el pueblo podrá seguir soportando estas burlas? No cabe duda de que este personaje que tenemos como presidente superó por amplio margen al protagonista de la película «La Ley de Herodes». Lo que estamos viviendo parece ficción.
Fermín Ambricio Pérez es señalado como el personaje que ha venido sangrando al pueblo desde hace muchos años. Pero como dice el proverbio: «No tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre», o sea, Felipe Reyes Santiago, a espaldas del pueblo.
Ahora nos explicamos por qué las finanzas del PUP, Partido de Unidad Popular, tronaron.
Nos llegan comentarios de cómo el presidente municipal se quiso parar el cuello con el personal de Sembrando Vidas. Ese caso lo abordaremos por separado, por la importancia que reviste.
Nos veremos más adelante con otras notas relevantes.
