Juan Carlos Almaraz
Para definir lo que es la ingratitud, nos fusilamos una frase de Lucio Anneo Séneca que decía: “Ingrato es quien niega el beneficio recibido, más ingrato es quien lo disimula, y mucho más ingrato es quien se olvida de él”.
Decimos esto por el abogado Felipe Reyes Santiago. Da pena verlo hoy por las calles de Candelaria Loxicha, simulando humildad con sombrero y huaraches, cuando en campaña no paraba de repartir sonrisas y abrazos.
Ya como presidente, la gente se queja de lo mismo: ya no saluda, no contesta mensajes, menos llamadas. Esa soberbia es una ofensa para nuestra gente indígena que confió en él y lo llevó al poder.
Se le olvida la historia: cuando Fermín Ambrocio Pérez fue presidente municipal, fue don Mario Reyes Bustamante —su propio padre— quien le descubrió y le señaló sus corruptelas y sus mañas. Más vergüenza para Felipe.
Hoy en Candelaria se comenta que quien realmente manda no es él, sino su amo, Fermín Ambrocio Pérez. La gente lo percibe como un presidente que no gobierna. Es triste y lamentable que nuestro municipio tenga una figura así al frente.
Llegó a la presidencia prometiendo mucho, pero la realidad es que le quedó grande el cargo.
Agradecemos a quienes nos envían sus comentarios. Más adelante vendrán mejores notas, como nos las solicitan.
