La flor de Mariano Llinás, una película de 808 minutos

LA FLOR
Mariano Llinás | Argentina | 2018 | 808 min.

Una película titánica filmada en un lapso de diez años que reflexiona sobre la ficción. La cinta comprende múltiples historias de diferentes formatos, géneros, temas y duraciones unidas por las actrices del colectivo Piel de Lava.

BAFICI – 4 Premios a Mejor Actriz y Premio a Mejor Película
Festival Internacional de Cine de Rotterdam – Premio Hubert Bals Fund Lions

Disponible sin costo en SALA VIRTUAL del 15 al 31 de octubre.

NOTA DEL DIRECTOR
«Si la historia del cine se basara, como las mitologías antiguas, en leyendas y en fábulas, entonces ninguna podría prescindir del final de Stromboli, terra di Dio, el film que Rossellini presentó en el festival de Cannes en 1950. El argumento, la mera anécdota, no tenía nada demasiado particular, y podía incluso confundirse con tantos films neorrealistas que habían empezado a proliferar como hongos en los festivales del mundo: Una mujer, huyendo de la guerra, encerrada en un campo de refugiados, acepta casarse con un joven italiano, y mudarse con él a su pueblo, ubicado en una isla miserable al sur del mar Tirreno. La mujer es bella, culta, sensible; el muchacho se desvive por ella, pero no deja de ser tosco, ignorante y brutal.

La isla es árida e inhóspita y un volcán en permanente actividad gobierna las vidas de los habitantes como un Dios malvado. La mujer rápidamente descubre que esa isla habrá de ser para ella una cárcel, y el film da cuenta de ese progresivo encierro a cielo abierto. Sobre el final, la mujer decide huir y ascender, casi como un acto místico, al volcán en erupción. La imagen final es de la mujer, ya casi una santa, contemplando el paisaje desmesurado y terrible. ¿Por qué decimos que ese final es imprescindible, entonces? Pues porque esa mujer, esa mujer que enfrenta a la muerte y se deslumbra con la belleza casi espeluznante de esa tierra arrasada es Ingrid Bergman, la actriz más importante del mundo, la misma que unos años atrás había deslumbrado a Hitchcock y a Bogart, y que se había paseado con la estatura de una reina por los palacios del mundo. La misma que meses antes de ser esa campesina anónima había sido Juana de Arco.

Esa era la persona que subía la ladera del volcán en erupción, que se entregaba al volcán en erupción casi como una ofrenda, y el que la esperaba del otro lado no era ni Hitchcock ni Bogart sino Rossellini, el más moderno de los directores, el gran renovador del cine, el mismo que, después de años de interiores mentirosos dio vuelta las cámaras y las obligó a mirar hacia el mundo. Esa era la ceremonia que se celebraba en esa imagen final.

La princesa que abandonaba todo, que se despedía del brillo y la gloria, para correr casi descalza por una tierra reseca y gredosa y sumergirse en los vapores sulfúricos, hasta los brazos de un hombre malhumorado y hosco, pero que sabía mirar las cosas, y extraer de ellas la poesía y la verdad. Y entonces ¿Habría sido igual el final si la actriz hubiera sido otra? ¿Si junto con ella no estuvieran subiendo el mismo volcán redentor la Isla de Casablanca y la Alicia de Notorious? La filmación de Stromboli constituye la primera vez en que la carrera previa de un actor convierte una escena de ficción en otra cosa. Por primera vez, la mujer que sube al volcán no hace de reina, sino que es una reina. No hace de Juana de Arco: es Juana de Arco.

El objetivo del proyecto titulado La Flor es parecido al de Stromboli, pero con un añadido. El film no pretende utilizar la experiencia previa de una actriz para dotar de una emoción particular una serie de imagen: La Flor aspira a construir, a constituir dicha experiencia. Que esa experiencia sea el film; que los espectadores puedan ver la carrera de una serie de actrices suceder ante sus ojos, como parte de un mismo film.

Que una película sea una serie de películas, que sea una época en la vida de cuatro personas, y que el cine sea capaz de dar cuenta del paso de ese tiempo, de ese aprendizaje y de ese proceso. Que entre las distintas invenciones, y fantasías que los avatares del proyecto vayan jalonando logre adivinarse el verdadero rostro de cuatro chicas, brillando deslumbrante a través de la bruma de la ficción.» – Mariano Llinás.

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