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El tío Willy

ERNESTO REYES

La exitosa investigación periodística sobre un buen número de personas con vínculos familiares directos con el gobernador Salomón Jara o dirigentes del partido, apagó las fanfarrias septembrinas. El discurso sobre la honestidad se quedó dando tumbos. Requerirá tiempo para reponerse, a pesar de proyectos generosos y populares como el “ninibus” como ya le andan diciendo al Binnibus. Naufragar en el debate despiadado de la conversación pública, es la menor consecuencia política.

Emergen en el panorama mediático temas del cierre de mitad de sexenio, por sí solos o “patrocinados” por activistas sociales, de buena o muy mala intención, que exhiben podredumbre y miasmas de una administración que nunca pudo emular, aunque fuera un poquito, al líder tabasqueño que, mediante recorridos por los 570 municipios del estado, hizo ganar a dos gobernadores (2010 y 2022).

Practicantes del periodismo, aficionados a la lectura y la escritura, recordamos en el primer aniversario de su fallecimiento a Wilfrido López Torres, quien le sigue haciendo falta a su familia, amigos y lectores. En la biblioteca pública central “Margarita Maza”, evocamos anécdotas y hablamos sobre su trayectoria. Nunca será suficiente todo lo que en ausencia se diga sobre el periodista tlacolulense que cerró su etapa el 19 de septiembre de 2024, mientras impulsaba el conversatorio y el club de lectura para periodistas. Este último, acertadamente lleva su nombre. Su doliente compañera, Sandra Ramos, tiene el proyecto de publicar algunos de sus escritos a fin de preservar su memoria como reportero, redactor y editor, al tiempo de difundir sus poemas inéditos.

Tocó a la maestra Cristina Salazar leernos una de las últimas crónicas publicadas por Willy, titulada “Terminó la transmisión; nos vamos al panteón a despedir al amigo”. El trabajo se difundió el uno de marzo del 2024 en el portal de Francisco J. Sánchez “La coyuntura mx”. Fechada en San Lucas Quiaviní, Tlacolula, el texto inicia así:

“Las campanas del viejo templo de este pueblo, tañen. De una camioneta blanca, seis hombres bajan un ataúd gris, sencillo, humilde, si se puede llamar así a un cajón de simples tablas. Un pequeño grupo de mujeres, cubiertas del rostro con su rebozo, siguen el cortejo, mientras sostienen entre sus delgadas manos unos sencillos ramos de flores. Todas lloran. Adelante, la banda de música del pueblo entona una marcha fúnebre. El ataúd ingresa al templo. El llanto crece.

Es viernes de Cuaresma, y San Lucas Quiaviní comenzó a prepararse espiritualmente, como dicen las liturgias católicas, para la Pascua de Resurrección, con la muerte de cinco de sus pobladores que sufrieron el infierno que arrojó el monte.

Y es que fue un domingo de los años 80´s, cuando esta comunidad zapoteca se reflejó por última vez en el mundo. El clan de los Kennedy fijó su atención en este poblado, pues desde entonces, es fuerte expulsor de mano de obra a los Estados Unidos. Eran los tiempos del gobernador indígena, el priista Heladio Ramírez López.

Ahora, Quiaviní llama la atención internacional por un incendio forestal que causó la muerte de sus valientes hijos Pedro Curiel Diego, Celso Diego Morales, Felipe García López, José Hernández López y Rafael García. Y precisamente este viernes, sus miedos, y sus dudas descansan en el panteón municipal.”

El texto detalla la desesperación de los pobladores, apoyados por pueblos circunvecinos, por apagar el fuego. Entre otros testigos y combatientes le presta voz a Jenny, una joven que hizo uso de las redes sociales para exhibir la burocracia del gobierno de Salomón Jara para atender la contingencia.

Tocó a Elisa Ruiz, del portal “Sucedió en Oaxaca”, leer algunos de los poemas compuestos por Willy, cuya vena creativa le hizo ganar premios y reconocimientos. Del poemario “He hallado mi final”, escuchamos el titulado “Por ti, reto a la muerte”:

“La lluvia y el bochorno de la tarde/ las nubes que se cruzan/ conjugan el acto mágico de tu ausencia. Estoy buscando en el fondo de mi ser/ el mar en calma/ el viento/ la paciencia/ que deje pasar el tiempo entre mis manos…

El azul del cielo es inmortal/ el sol quemante/ aún no conozco la ira de tu alma/pero escucho tu respiración en la lejanía eterna. No te marches/ detén mi sufrimiento/quiero vivir la vida/ por ello reto a la muerte desde ahora/para que vomite trozos de fuego en mis heridas”.

Una jovencita de la familia Ramos, la Nena, a quien Wilfrido la trataba como hija, leyó una carta de agradecimiento por los 15 años que pasó con ellos y los amó, como el padre que nunca pudo ser. Nos quedamos con nostalgia por la ausencia del tío Willy.

@ernestoreyes14

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Papalote de volar ligero

ERNESTO REYES

En la Hemeroteca Pública “Néstor Sánchez Hernández”, se presentó el Club de Lectura para Periodistas que llevará el nombre de “Wilfrido López Torres” (13 de septiembre de 1959-19 de septiembre de 2024) como un modesto homenaje a la memoria del periodista, escritor y poeta, oriundo de Tlacolula de Matamoros, Oaxaca. En el primer club él era quien, con la mediadora de lectura, Cristina Salazar, nos leía fragmentos de diferentes autorías.   

Willy es de aquellos periodistas que además de escribir con precisión y belleza, producían textos literarios. Como no existía el internet, ni las bibliotecas virtuales, todo reportero o reportera debía contar con su archivo que consistía en notas y documentos y recortes periodísticos; además, una biblioteca bien surtida en casa, que incluía enciclopedias.      

El periodista Leandro Hernández comentó que Willy perteneció a una generación de comunicadores que hicieron de las redacciones espacios críticos, de reflexión y compromiso social. Con otros jóvenes, fundó el Círculo de Estudios Tlacolulense que promovía actividades culturales, entre ellas lectura de libros y la edición del periódico Círculo, que reflejaba los problemas sociales de su pueblo.

Su compañera, Sandra Ramos Rojas, nos compartió un hermoso texto que aderezó con anécdotas sobre su trayectoria, algunos poemas, crónicas y relatos sobre su afición por las letras como se describe en el cuento titulado “El maestro Serrat”, incluido en el libro Facer Españas 2019 del décimo tercer premio Orola de Vivencias. Corría el año de 1969. En una conversación con Marcos Jacobo, su paisano y trabajador migratorio en Los Ángeles, California, rememoraba:

Mientras el niño Wilfrido estudiaba en la escuela primaria, su maestro Odilón, a quien el cura del pueblo tachaba de comunista, puso un disco de Serrat donde se escuchaba esta frase: “…Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Al preguntarle al profesor de qué artista se trataba, contestó: ¿Preguntas por el cantante? Ah, es Joan Manuel Serrat…él es español y la canción se llama Cantares. Yo le pedí que me ilustrara más porque esa canción tenía mucha sabiduría. En realidad se trata de un poema de Antonio Machado  a quien Serrat le puso música. Al día siguiente el maestro me contó que Serrat también musicalizó un poema de Rafael Alberti. Esa misma tarde- continúa Willy- busqué en la biblioteca municipal libros de Machado y Alberti. ¡Uuuuh, vieras que bonito. Después leí a León Felipe, Miguel Hernández, Federico García Lorca, etcétera”. 

Durante la presentación del Club de Lectura, Claudio Sánchez Islas comentó que algunas influencias literarias de Willy pueden buscarse entre los poetas de la generación del 29; generación triste por la situación por la que atravesaba España. 

López Torres se describía así mismo, apuntó Sandra: “Sandy, soy un hombrezote serio; bastante distraído, un poquito bohemio (ahora), con tendencia al suicidio (antes); pero con ganas de seguir amando lo que vive, lo que respira, lo que siente, y no lo material. Me gustaría estar en la parte más alta de una casa elevada para ver por la ventana la niebla espesa, los árboles doblegados por el frío, aunque me ajusto a donde quiera; el mar me atrae, me sugestiona, me desnuda el alma, pero una cabaña en la parte alta me hace sentir un papalote que vuela ligero, libre, sobre las copas frías y sublimes de los árboles”.

Sobre su infancia recordaba: “¿Sabes? De niño, al acercarse la fiesta de pueblo, me ponía feliz porque era la única ocasión en que iba con mi papá (Nico) al centro. Íbamos a la quema del castillo, el sábado por la noche. La fiesta de Tlacolula siempre es el primer domingo de octubre. Jamás me tomó de la mano, pero me sentía orgulloso de caminar a su lado. Eso lo hicimos desde que tenía ocho hasta los 13, 14 años. Se divertía verme tirar con rifle de balines a los patos y soldados de hojalata”.

De su poema No conozco el mar, que le valió el segundo lugar del Certamen Literario de Prosa y Poesía El Timón de Oro en noviembre de 2019, extraigo dos fragmentos: “Los campesinos de mi pueblo no conocen el mar/Quién sabe cómo se lo imaginan:/pero no lo conocen/Si usted les pregunta ¿conoce el mar?/Ellas y ellos nada más mueven la cabeza/ y con un silencio ciego le responden: no ha pasado por aquí/no lo he visto/ a lo mejor se fue pa’l norte”. 

Gran lector de poesía y prosa, bohemio y enamorado, cierra así el colega que se veía convertido en un papalote de volar ligero, libre…: “Ya viejo, tal vez, iré al mar/para conocerlo en persona/A lo mejor corra con suerte/ y me presente a la que será mi muerte”.

@ernestoreyes14

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La ganancia de vivir

ERNESTO REYES

Cuando se le pregunta a Juan Manuel Vignón: ¿cómo le ha ido?, su respuesta es característica de un talante alegre y positivo: “Aquí estamos, aquí seguimos, que ya es ganancia”.  Otro de sus clásicos dichos, cuando se le inquiere sobre su quehacer cotidiano, es:” Aquí, como las tamaleras, tamal y haciendo”.

El Club de Periodistas Primera Plana que dirige a nivel nacional, José Luis Uribe, entregó un reconocimiento por trayectoria profesional a Juan Manuel, en una ceremonia en la que también fueron galardonados el reportero, editor, columnista y director ya retirado de El Imparcial de Oaxaca y diario El Popular de Puebla, Benjamín Fernández Pichardo, y las colegas periodistas, María de los Ángeles Fernández Mondragón y Rosy Ramales. Organizador del evento, el exreportero de Excélsior, Ángel Soriano, columnista, director de la revista Brecha y dirigente del Club de Periodistas de Antequera.

De Rosy Ramales se le reconocen sus arriesgados reportajes y crónicas publicadas en Noticias, como cuando cubrió un conflicto violento en la sierra sur oaxaqueña (Santiago Amoltepec contra pueblos circunvecinos); la irrupción del Ejército Popular Revolucionario en la costa oaxaqueña en 1996, además de una entrevista con la dirigencia de este grupo guerrillero un año después, en tiempos de Ernesto Zedillo y Diódoro Carrasco. 

Rosy fue corresponsal de la agencia de noticias estadounidense Associated Press y ha continuado su labor, ahora en el portal que lleva su nombre y donde publica su columna “Crónica política”. En sus inicios fue reportera de radio en el noticiario de don Manuel Humberto Siordia y ha destacado como analista de asuntos electorales.

A Fernández Mondragón se le extraña en las mesitas de los portales de la ciudad capital por sus amenas charlas y compañerismo, recordando su paso por la fuente religiosa, particularmente la iglesia católica, en El Heraldo de México, que la llevó a cubrir, como periodista acreditada por la Santa Sede, el periplo del Papa Juan Pablo II por México y varios países de América Latina y el Caribe. Cubrió el cónclave papal del año 2005 y durante largos años dio vida a su columna: “El retablo de las maravillas”, que también publicó en esta casa editorial. Compartió créditos en la fundación del periódico Cuestión, elaborado fundamentalmente por mujeres, con Manú Dornbierer y Margarita Michelena. Ya también como el caso de Juan Manuel y Benjamín, con 65 años de intenso oficio periodístico. Rosy es la más chamaca de los cuatro.

Tocó al periodista, Leandro Hernández Romero, presentar en el evento del 31 de agosto, el perfil de Juan Manuel. Sus datos escuchados por las y los asistentes en la Biblioteca Central “Margarita Maza -entre ellos sus hijos Juan Manuel y Norita, y sus excolaboradores- son una parte de un largo historial que ubica su origen familiar en San Pedro Nexicho, poblado del municipio de Santa Catarina Ixtepeji, distrito de Ixtlán, donde nacieran su abuelo, Tiburcio Vignón y su señora madre Altagracia Vignón. Vino al mundo en 1940 y no deja de estar al tanto de las noticias.

Muy consentido de sus mayores que lo llevó a una bonanza juvenil y primo hermano de los periodistas, Hugo y Héctor Loyo Muñoz, Juan Manuel llegó a vender periódicos en la calle para que, según su abuelo, aprendiera a amar el oficio que llegó a concretar en un noticiario radiofónico que dirigía Héctor, El Toto; su otro primo, lo recomendó con El Imparcial, donde hizo mancuerna con Benjamín Fernández, llegando a participar en la fundación de El Imparcial del Istmo. 

Con Armando Pérez Montaño, incursionó en el periodismo veracruzano de la cadena El Sol de México, pero sería en los diarios El Universal Gráfico y El Universal, de la ciudad de México, donde figuraría en diversas fuentes informativas, entre ellas las del aeropuerto internacional y la presidencial que lo llevó a recorrer, cubriendo a dos presidentes de la República, varios países. Sería en 1989 cuando con su esposa, la profesora Nora Pérez Patrón, regresó a Oaxaca de Juárez, como corresponsal de la empresa Televisa, donde se mantuvo activo por 31 años.

A Juan Manuel lo conocí en el cabaret Capri de La Habana en 1985, encabezando a un grupo de periodistas, que más bien parecía de filibusteros en el mar de Las Antillas y, desde entonces, somos grandes amigos y compadres. A la ceremonia llegaron autoridades comunales y municipales de San Pedro Nexicho. No podían faltar porque Juan Manuel ha sido un gran benefactor de esta comunidad donde año con año, salvo en la pandemia, le han celebrado su cumpleaños: la ganancia de vivir y ser útil para los demás, como es la misión del buen periodista. 

@ernestoreyes14

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