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EL DEBATE SOBRE VENEZUELA

FELIPE HASSON

El abogado brasileño *Felipe Hasson* , especialista en Derecho internacional, ha compartido su opinión sobre la intervención norteamericana en Venezuela.

*Vale la pena lo reenvíen hasta que le llegue a @gerardofernandeznorona

Muchas personas me preguntan mi opinión sobre la cuestión de los EE. UU. y Venezuela, como profesor de derecho internacional que vive hace 10 años en los EE. UU.. En lugar de responder uno por uno, decidí poner aquí lo que pienso. Para quien tenga interés y paciencia para leer, aquí va.

Mi opinión es que el debate sobre Venezuela ha sido secuestrado por una lectura selectiva —y profundamente hipócrita— del derecho internacional. Se invoca la «soberanía», la «no intervención» y el «orden jurídico internacional» como si estos conceptos existieran para proteger a los gobiernos, y no a las personas. Como si la soberanía estatal fuera un escudo moral absoluto, capaz de justificar el hambre, la persecución, la tortura, el exilio masivo y la supresión completa de la voluntad popular. No lo es.

La soberanía no es un fin en sí misma; nunca lo fue. Es un instrumento funcional, condicionado al cumplimiento mínimo de los deberes del Estado para con su población. Cuando un régimen transforma a su propio pueblo en rehén —empobrece deliberadamente a la sociedad, destruye instituciones, persigue opositores, defrauda elecciones y elimina cualquier posibilidad real de alternancia de poder—, ese régimen pierde la legitimidad que da sentido a la soberanía que alega defender.

El derecho a la vida, a la dignidad humana y a la autodeterminación de los pueblos no son «valores occidentales» opcionales ni retórica política. Son normas centrales del orden jurídico internacional contemporáneo. Un gobierno que viola sistemáticamente estos derechos no puede exigir que el mundo cierre los ojos en nombre de una abstracción jurídica conveniente.

Venezuela no es un caso de «divergencia ideológica»; es una tragedia humanitaria. Millones de personas se han visto obligadas a dejar el país. Las que se quedaron conviven con la escasez, la represión y el miedo. No hay elecciones libres. No hay prensa independiente. No hay un Poder Judicial autónomo. No hay canales internos efectivos para que el pueblo se libere por su propia cuenta. Defender que ese pueblo «resuelva solo» su situación es, en la práctica, defender la perpetuación del sufrimiento.

Por eso, la ayuda externa —incluida la militar, cuando sea necesaria para proteger vidas y no regímenes— no es una violación moral del derecho internacional. Es la afirmación de su núcleo ético. La comunidad internacional existe precisamente para evitar que se cometan atrocidades detrás de fronteras convenientemente cerradas.

La reacción de muchos venezolanos deja esto claro. Mientras comentaristas extranjeros, cómodamente distantes, condenan las intervenciones en nombre de una soberanía abstracta, quienes viven la desesperación real celebran. Celebran porque ven una oportunidad concreta de liberación. Celebran porque saben que el «respeto a la soberanía» fue, durante años, la excusa perfecta para la inercia internacional.

El paralelo histórico es inevitable. Si en la Europa de los años 1940 las potencias hubieran decidido no liberar los campos de concentración para respetar la soberanía alemana, hoy esa omisión sería recordada como complicidad. Ningún orden jurídico serio puede exigir neutralidad ante crímenes masivos contra la propia población.

Invocar el derecho internacional para defender a dictadores es una perversión intelectual. Es transformar un sistema creado para proteger a los seres humanos en un argumento de conveniencia para proteger a los opresores. No hay nada de progresista en ello. No hay nada de humanista. Solo hay el consuelo moral de quien nunca ha tenido que elegir entre soberanía y supervivencia.

El derecho internacional no existe para blindar regímenes autoritarios. Existe para recordar que ningún gobierno —absolutamente ninguno— tiene el derecho de destruir a su propio pueblo en paz.

Otro argumento recurrente —e intelectualmente perezoso— es el de que la intervención no sería «humanitaria», sino movida por intereses económicos. Aunque existan intereses estratégicos o económicos —como casi siempre han existido en cualquier acción relevante en la política internacional—, eso no invalida, ni de lejos, la legitimidad moral del resultado cuando este atiende a una demanda real y explícita del propio pueblo oprimido.

El criterio central no es la pureza de las motivaciones externas, sino la realidad vivida internamente. Y esa realidad es inequívoca: los venezolanos, en su mayoría, celebran y apoyan la intervención porque saben quién es el verdadero agresor. Fue el propio régimen dictatorial el que, al elegir preservar el poder a costa del hambre, de la represión y de la destrucción social, abrió la puerta a una respuesta externa.

Cuando un gobierno ataca sistemáticamente a su propio pueblo, él mismo elimina cualquier autoridad moral para cuestionar los motivos de quien interviene para poner fin a ese sufrimiento. En este escenario, incluso una acción impulsada por intereses no exclusivamente humanitarios se vuelve necesaria, legítima y moralmente correcta, porque la alternativa concreta sería la continuidad de la opresión.

Por lo tanto, la fundamentación de aquellos que colocan la ideología por encima de todo —y que después rebuscan en el derecho internacional frases, conceptos y principios que sirvan a la respuesta que ya decidieron dar— es, como mínimo, lamentable. No es una defensa seria de la legalidad internacional, sino un ejercicio de cinismo selectivo, hecho a la distancia y sin ninguna empatía por quien vive el colapso en carne propia. Cuando la ideología viene antes del ser humano y la soberanía es invocada para justificar la miseria, el derecho deja de ser instrumento de justicia y pasa a ser apenas retórica vacía al servicio de la indiferencia.

*Felipe Hasson*

_Global Attorney | Ph.D, M.Sc, LLM, FCIArb_

EL LLAMADO DE DELCY RODRÍGUEZ A CLAUDIA SHEIBAUM.

Puerto Libre

Guillermo Hernández Puerto

Antes de entrar en materia, vamos a publicar el comentario que hicimos en Hablando Claro del canal que dirige con valentía Mark Staroselsky, que dice:

“Emocionante ceremonia del Premio Nobel de la Paz entregado a la hija de María  Corina Machado y el escape de película de Corina debe impulsar la lucha de los mexicanos para sacar del palacio al gobierno de Morena”.

 Dicho lo anterior como dicen en mi pueblo vamos al grano:

Delcy Rodrígez, vicepresidente de la dictadura chavista de Venezuela,  luego  que María Corina Machado escapara peliculezcamente  de Venezuela y su hija Corina recibiera en nombre de su madre EL Premio Nobel de la Paz en Oslo Noruega.

Llamó a México, Colombia y Brasil a unirse ante maniobras militares de Estados Unidos, diciendo: “ Estamos listos presidenta Claudia, para unirnos”.

 Tal es el terror de Delcy y del dictador Nicolás Maduro en hacer este llamado para enfrentar al gobierno militarmente más poderoso del mundo, cuyos pataleos demuestran el terror que sienten de ser capturados o de salir con los pies por delante, como ya se la sentenciaron a Dios Dado Cabello y dijeron que es mejor que Maduro sea capturado por los militares de EEUU porque saldría con vida, ya que si cae en manos durante la huida de los cubanos lo matarían para evitar que hable.

 Hasta ahora Claudia Sheinbaum no ha respondido al llamado de Delcy, para salir en defensa de su amigo el dictador Nicolás Maduro.

 Por supuesto que suponemos no lo hará porque de hacerlo más pronto que tarde caería la narco dictadura comunistoide que ha impuesto a México el asesino y traidor a la Patria, Andrés Manuel López Obrador.

Cabe mencionar que López el sicópata hace poco apareció sentado en una silla entre pavorreales en su finca La Chingada de más de 350 mil metros cuadrados para promocionar su libro “grandeza” que cambia la historia de México con el perverso fin de dividir a los mexicanos.

Allí dijo que si veía en peligro a Claudia saldría a la calle para defenderla y cínicamente dijo también que si veía en peligro la democracia que el mató saldría la calle también.

Ante el llamado de Delcy nos preguntamos: porqué   López no convoca a sus seguidores que lo aman y veneran así como su amigo del alma, el capo de La Barredora, Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal, Félix Salgado Macedonio, Gerardo Fernández Noroña así como también a los gobernadores de Morena, entre ellos Américo Villarreal, Rocha Moya, Alejandro Armenta, Javier May Rodríguez, Salomón Jara Cruz ?.

Porque en el fondo López no tiene los arrestos suficientes para salir a la calle, solo es un azuzador de masas, un traidor y   cobarde.

EL SUEÑO DE LÓPEZ, CONVERTIRSE EN DICTADOR DE HISPANOAMERICA.

    ¿ Sabía usted  amigo lector que Andrés Manuel López Obrador  intentó a través de marchas que se realizaron en EEUU  destruir al gobierno del presidente Trump?

   ¿ Por qué se dice que lo hizo  este sicópata?

Porque tenía la intención de convertirse en dictador de toda Hispanoamérica. Pero ese sueño guajiro se le cayó como castillo de arena y ahora no asoma la cabeza.

 El Senador Republicano por el Estado de Florida que fue invitado por María Corina Machado a la ceremonia de  entrega del Premio Nobel de la Paz en Oslo, en Noruega.

En su cuenta el congresista de los EEUU, Carlos A. Gimenez publicó, “sabemos que el gobierno de Claudia Sheinbaum en México apoya tanto al narcotirano Nicolás Maduro de Venezuela porque sabe que cuando caiga él, caerá ella también por su complicidad con los narcos que han destruido al país.

Silencio absoluto ante la publicación del congresista republicano.

Hoy es la marcha del silencio que convoca la Generación Z. Salgamos a la calle para acompañar a estos jóvenes de los cuales nos sentimos orgullosos por encabezar la lucha contra la dictadura comunistoide de Morena.

Otoño del 2025.

Guillermo Hernández Puerto. Profesor Normalista Rural.

Domingo 14 de diciembre.