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Reforma electoral, aunque no les guste

ERNESTO REYES

Como sucede a partir de 2018, cuando por el empuje de millones de votos arribó un nuevo gobierno, cada que se anuncia una reforma electoral saltan a descalificarla voceros del viejo régimen, movidos por “expertos” completamente rebasados por el juicio de la historia, dada su oposición a los cambios.

El régimen político que cometió los dos grandes fraudes electorales de1988 y 2006, durante décadas impidió el acceso a cargos de representación a diferentes sectores, como mujeres, jóvenes, indígenas, migrantes o integrantes de las minorías. Y así contuvieron el empuje de obreros, campesinos, empleados, que provinieran de sectores independientes, no se diga de quienes abrigaron la ideología de izquierda, democrática, progresista. Con sus reformas electorales, urdidas por las cúpulas partidistas (en la Secretaría de Gobernación) a lo largo de casi 50 años, mantuvieron maniatada a la sociedad para que nadie les disputara el poder político.   

El grupo de notables, refugiado en parte de la academia y organizaciones supuestamente de la sociedad civil, con su caja de resonancia en medios corporativos, basa su análisis en lo que deja ver Héctor Aguilar Camín, quien tacha la iniciativa de la presidenta Sheinbaum -todavía sin proyecto, sino mediante una comisión presidencial que convocará a foros de análisis y encuestas- como una mascarada que terminará imponiendo lo que la mayoría gobernante -ejecutiva, legislativa y partido mayoritario- desee hacer: un perfecto autorretrato de intenciones, dice, o lo que es lo mismo, según el novelista, una reforma electoral de Estado, válida solamente para el partido en el gobierno y para sus representados en la comisión.

Su alegato a favor de la pluralidad política, es decir, para que incluyan a la oposición y a los “conocedores” del tema, arrogándose una representación que nadie les ha dado, tiene el mismo sentido de la reforma judicial: descalificar la intención presidencial de consultar el punto de vista de la gente de a pie, la que nunca había sido tomada en cuenta hasta que llegó López Obrador y comenzó el sano ejercicio de recoger la opinión, por ejemplo, sobre si la gente estaba de acuerdo o no en juzgar a los expresidentes, la revocación del mandato presidencial, etcétera.

Según el artículo 35 constitucional todos tenemos derecho a votar en las consultas populares en temas de trascendencia nacional, por lo que no sería mala idea convocar a una de ellas para resolver temas como la elección popular de consejeros del INE, el financiamiento a partidos, la limitación de plurinominales, etcétera. 

Los abajo firmantes que descalifican la propuesta, los encabeza el expresidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova y exmagistrados electorales. Sí, el racista y clasista que en llamada telefónica se burló de los pueblos indígenas, en la persona de Mauricio Mata Soria, gobernador indígena pluricultural, quien como parte de una comisión acudió hace 10 años a reclamar al funcionario la falta de acceso a cargos electorales para este sector. También figura el operador del robo de la presidencia a López Obrador, para entronizar a Felipe Calderón, Luis Carlos Ugalde; aparecen otras personas que desde el Instituto Federal Electoral y luego el INE, prestaron “importantes” servicios al oxidado sistema de partido casi único, que terminó hace 7 años, pero que se mantuvo intacto, pasando por el traidor a la democracia de Vicente Fox, etapas en que engañaron con reformas político-electorales, supuestamente progresistas, que nunca pusieron en peligro al sistema de partidos que el PRI inventó con la complicidad del PAN y otros actores. Desean una reforma de consenso, es decir, con ellos.

La comisión del poder ejecutivo -que cuenta con la legitimidad de 35 millones de personas que votaron por Claudia Sheinbaum- está encabezada por Pablo Gómez e integrada por juristas y funcionarios de absoluta probidad, quienes tendrán que recoger el sentir ciudadano sobre el tema. Tienen el reto de darle viabilidad a la idea, que no pudo aterrizarse en los planes A y B de AMLO, de poner un hasta aquí a que solamente las cúpulas partidistas y sus allegados se beneficien de los cargos. Son tantos cambios, como reformar el INE y rebajar el gasto de los partidos, o apresurar el voto electrónico y el sufragio en el extranjero. A ver cómo les va con los satélites de morena, el verde y pt donde, en el primero de los casos, antiguos priistas hacen grandes negocios apoyando las iniciativas de la 4T.

Los ciudadanos tenemos derecho de participar en la vida pública, no solo los días cuando se celebran elecciones, sino de manera más frecuente en el ejercicio del poder público, a fin de hacer realidad la democracia participativa, no sólo la representativa. Aunque no guste a los “iluminados”.

@ernestoreyes14

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Casta golosa en el INE

ERNESTO REYES

La casta golosa que prevalece en los altos mandos del Instituto Nacional Electoral ha impedido, hasta concluir estas líneas, cualquier esfuerzo de negociación o de entendimiento para que Lorenzo Córdova y Ciro Murayama atemperen sus pretensiones personalísimas de continuar la vida de lujos y excesos que como servidores públicos le permitieron ejercer los poderes políticos anteriores. 

El INE está obligado por ley y, hasta por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación a organizar, sin obstrucciones y retraso, la consulta de revocación de mandato para el mes de abril próximo como un ejercicio de participación ciudadana, plenamente justificado por alrededor de 9 millones que lo han solicitado. Sin embargo, el consejo general del organismo aduce que le faltan alrededor de dos mil millones de pesos; de lo contrario no garantizan que el ejercicio sea exitoso y convoque a millones de ciudadanos. 

Según las indagatorias ordenadas por el gobierno de López Obrador, estos individuos consumen la friolera de 750 millones en viajes, comidas, asesores, vehículos y otros gastos, mientras los empleados y auxiliares, ésos que nos registran en los módulos para entregarnos o renovarnos la credencial de elector o quienes imparten cursos de capacitación ciudadanos, apenas si alcanzan los siete mil pesos mensuales. Un consejero percibe 262 mil pesos mensuales, más prestaciones.

Los del INE pudieran limitar gastos y recursos que mañosamente ocultan bajo la forma de fideicomisos, a fin de llenar una bolsa millonaria para realizar este ejercicio y no queden casillas por instalarse. Ya la Secretaría de Hacienda les contestó que del presupuesto de egresos 2022 no puede destinarse más dinero que los 19 mil millones que les corresponden, porque estaría recortando los apoyos sociales, por lo que les recomienda aplicar medidas de austeridad y ajustes presupuestales. 

Si ahorraran 700 millones de pesos en sueldos y se bajaran su salario entre 12 y 50 % como ya lo hicieron funcionarios federales en todas las dependencias, quitándose lujos y excesos, darían una gran contribución a la democracia, que al parecer es lo que menos le interesa a la dupla Córdova-Murayama.

El fondo de la disputa entre el gobierno que insiste en que deben bajar sus gastos y ellos, que se niegan a aceptar cualquier sugerencia en este sentido, sigue anclado en dos modos enfrentados de país. 

Quienes se resisten a abandonar el mundo de privilegios, bajo el argumento de que el trabajo de organizar elecciones debe estar tan bien pagado que, incluso puede rebasar y, por mucho, a las percepciones del presidente, y quienes les hacen ver que es hora de acostumbrarse a vivir en la justa medianía que para un servidor público exigía el presidente Benito Juárez. 

No más lujos, ni comidas ni vehículos, teléfonos o gasolina y gastos médicos, pagados por los mexicanos para que las y los señores del INE – las cúpulas insisto- se prodiguen la gran vida, mientras un burócrata o empleado de abajo, en el sector público, viaja hasta la oficina, come, se cura, y llama por teléfono, con los raquíticos sueldos que recibe. 

La actitud de negarse a aceptar la realidad que vivimos millones de mexicanos y rendirse ante la presión que ejerce el gobierno, escudándose en el argumento de pertenecer a un “organismo autónomo” y asumiendo que ellos son quienes “protegen a la democracia y garantizan la viabilidad de las elecciones”, esconde una mezquina postura tanto ideológica como política, apegada al centro derecha que gobernó al país hasta 2018. 

Pero esa fiesta ya se les acabó. El México en que ellos sueñan está muriendo, solo que las y los consejeros – no todo el personal del INE ni sus correspondientes en los estados, insisto- no se han dado cuenta. La raíz de todos los males, ha dicho con su tabasqueña ironía el titular de Gobernación, es simplemente el dinero. Dinero de todos nosotros.

@ernestoreyes14