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Wendy Guerra:“La literatura cubana es como un pueblo de casas dispersas donde llueve mucho”

Por Álvaro Castillo Granada

Esta es la segunda vez en mi vida que puedo hablar, largo, con Wendy Guerra. La primera vez fue hace quince años. Nos conocimos en un cumpleaños en La Habana. No sabíamos quiénes éramos. Esto facilitó la conversación. Años después nos encontramos en una feria del libro en Lima. Ella ya había publicado Todos se van, su primera novela. Yo había sido invitado a hacer una exposición de libros de Gabriel García Márquez. Eso fue en el 2008. No habíamos vuelto a cruzarnos hasta hoy 28 de abril del 2019, durante la Feria del Libro de Bogotá, gracias a la gentileza de John Cáceres. He leído todos sus libros en orden de aparición. Tengo muchos reparos a su obra y a su escritura. Más no por eso deja de inquietarme un personaje tan complejo y polémico como ella. Si el territorio de la literatura es de la ambigüedad nada más interesante que conversar con una escritora cubana como Wendy Guerra.

Empecé leyéndote como poeta. Hace muchos años encontré, en un “timbiriche” en la esquina de Línea y H, tu primer libro:Cabeza rapada. Tenías 26 años. ¿Cómo fueron tus inicios en la poesía?

— Mi mamá era una gran poeta. Alrededor de mi casa estaba Sigfredo Ariel, Antonio José Ponte, Omar Pérez, Atilio Caballero (mi padrastro). Había un movimiento poético. Estos son como aproximaciones a la luna porque ellos ya tenían un universo poético denso. Y yo no me creía, vamos a decir, capaz de escribir a esa altura, pero hacía lo que podía. Creo que ese libro es el resultado de un diálogo, quizás, con mi madre. De “yo también puedo”. Venía de un mundo donde eran grandes los poetas. Mi mamá era muy amiga de Eliseo Diego también. Y yo fui muy amiga de Lichi. Era difícil escribir y creer que uno podía ser un gran poeta.

¿Qué poetas leías en ese momento?

— Bueno, a Eliseo lo leo siempre. Lezama me encanta. Sigfredo me gusta muchísimo. Yo creo que en la Nueva Trova hay mucha poesía. La obra de Silvio. Ponte es un poeta que yo recito mucho. Ahora que empiezan los apagones recuerdo ese poema suyo que dice: “Se apaga un municipio para que exista otro/Ya mi vida está hecha de materia prestada”. Sigfredo tiene humor y desparpajo. Pero Eliseo es mi Dios. Me guía siempre. Y Reina María Rodríguez, que para mí es canónica. No puedo dejar de nombrarla.

Cuando nos conocimos en el 2004, en casa de Silvio, me hablaste con muchísimo cariño de Lichi. ¿Qué representó él para ti?

— Un maestro. Familia. El amor por Lichi no es ni siquiera mío. Es un amor que tengo que compartir con mucha gente. Nos abrió, con otros escritores que salieron de Cuba, el camino del mercado, la posibilidad de contar Cuba a través de la literatura. Abrió el camino para que los de mi generación pudieran ir adelante. Con Caracol Beach puso, indiscutiblemente, el nombre de la literatura cubana en un lugar que no lo tenía. Fue uno de los grandes premios de la literatura cubana.

¿Cómo fue presentar un programa infantil en la televisión, publicar el poemario y empezar a estudiar dirección de cine?

— La educación en Cuba, en el mundo del arte, es interdisciplinaria. Pasamos por muchos procesos. Cuba no es un lugar donde hay cines de estreno, películas americanas, acceso amplio a Internet… Los jóvenes (yo ya no soy tan joven) leen, pintan, bailan, cantan y yo fui aprovechando todas las posibilidades. Hay un dicho de mi madre: “En Cuba las escuelas están abiertas de la ocho de la mañana a las once de la noche”. Yo aproveché todo eso. Eso está a la hora de interpretar y encarnar los personajes de mis novelas. Es como si tú hubieses bailado en cuerpo de baile toda tu vida y puedes ir a proscenio a interpretar Giselle, sabes cómo se está moviendo todo a tu alrededor. Y si además fuiste luminotécnico de teatro sabes cómo se ilumina todo. Y si estudiaste piano sabes cómo la orquesta va a caer y que no te puedes demorar… Entonces yo creo que mientras más capacidad técnica tú tengas menos lagunas ve el lector en ti y más seguridad y certeza le das a la hora de contar los personajes, de escribir.

Hace unos años salió en Cuba La habitación más tibia, una recopilación de poemas de tu mamá, prologada por Sigfredo Ariel. ¿Cómo era la poesía de Albis Torres?

— Todo esto empezó porque la Universidad de Monterrey, en la persona de José Garza, me pidió un libro de mi mamá. Le pedí a Sigfredo que buscara y que buscara. Lo antologó para Cuba y para México lo hizo William Navarrete. Juntos llegamos a recuperar porque mi mamá todo lo que hacía lo botaba. Ella escribía, botaba lo que escribía, era como un proceso fisiológico. Y en esa colada he encontrado un lenguaje que yo, de fresca y atrevida, rescaté. Yo no sé si ella estaría muy de acuerdo con que fuera publicada. Ella era una performista de la literatura. No le interesaba retenerlo sino reciclarlo dentro de ella. Compartirlo con los amigos.

Has llevado un diario durante casi toda tu vida. ¿Cómo fue ese proceso de transformación de lo íntimo a lo público? ¿Del diario a la novela Todos se van?

— Por esto de lo interdisciplinario. Yo vengo, también, de una obsesión por las artes visuales. No tanto por coleccionar sino por comprenderlas. Yo creo en este proceso de Ana Mendieta de internarse en la tierra, de meter su cuerpo en un lugar del que fue expulsada. Yo me siento muy Ana Mendieta en ese sentido, literariamente. Se tuvo que ir porque su familia la llevó al exilio sin preguntarle. Era una niña. Ella regresó a Cuba y se metió en la tierra e hizo un diario físico-corporal registrado con fotografías. Mi registro es a nivel literario. Yo creo que en eso hay un paralelo entre las dos obras.

Otro personaje fundamental en tu obra es Anaïs Nin…

— Nació en París, pero se crió como cubana oyendo danzas de Ignacio Cervantes y escuchando a su mamá cantar canciones cubanas y sefardíes. Vivió en Barcelona y en Los Angeles. Y también la traigo, como Ana Mendieta a su cuerpo, al cuerpo de mis libros. Y la meto en La Habana y la enfrento con Capablanca, con Wifredo Lam, con Julio Antonio Mella, quien, deliro, fue su primer amante. Y esa obsesión mía de traer, de transpolar…

Esta, tu tercera novela, es para mí un punto de quiebre en tu obra: te alejas de lo autobiográfico y te adentras en lo histórico. Juegas con la historia posible. Vas llenando vacíos en ella. Es una novela bisagra en tu obra.

— Escucha lo que te voy a decir: en todas nosotras, mujeres, cuando tenemos un éxito, como en Todos se van, luego el momento ese en que el editor te pide un segundo libro es de un pánico… Lo único que pude hacer fue una dilatación del problema. Además, que el editor siempre te pide que seas “tú misma” y “tú misma” es el libro anterior. Eso es Nunca fui primera dama. Sin embargo, el libro de Anaïs Nin, me permitió salir un poco de mi cuerpo y trabajar con sus lenguajes.

¿Cómo es ese encuentro con ciertos momentos o hechos de la historia de tu país que ocasiona (por llamarlo de alguna manera) una explosión en ti y te hace narrarlos?¿En qué momento ese encuentro se transforma en una novela?

— Chico… Yo creo que en el piso frío de mi casa cuando yo limpio. Las cubanas tenemos un ritual que es baldear la casa. No importa que tengas una señora que te ayude. Tú baldeas tu piso. Es una cosa preconcebida. Y después que lo baldeas te acuestas en el frío de ese piso, con poca ropa, y ahí es una sensación como que te hundes y te hundes en una soledad muy aterradora donde nadie toca la puerta, tú eres un bicho raro, tú sientes que estás haciendo algo malo solamente por denunciar las cosas que pasan. Y no de manera política. Yo no soy Yoani Sánchez, ni las Damas de Blanco…No soy eso. Yo soy una escritora simplemente.

Como mismo mis compañeros, que en Colombia o en Perú, denuncian que hay un problema o que en México están matando gente… Con la misma moral con que ellos trabajan sus realidades, yo trabajo las mías. Lo digo al principio de la novela: “Debo ser la única persona que hoy se siente sola en La Habana. Vivo en esta ciudad promiscua, intensa, atolondrada y dispersa donde la intimidad y la discreción, el silencio y el secreto, son casi un milagro, ese lugar en que la luz te encuentra allí donde te escondas. Tal vez solo por eso cuando uno aquí se siente solo es porque en verdad ha sido abandonado”. Si encuentras eso y no te das cuenta de que hay ahí una novela no eres escritor. Si tú hallas ese leitmotiv y encuentras que estás en una caja, que es tu casa, y que tienes que hablar de esa caja y no lo desarrollas eres un vago.

¿Hay alguna novelista de tu generación, alguna narradora cubana que leas?

— La más grande que yo encuentro en mi generación (y que me gusta mucho) es Ena Lucía Portela. Ella es una mujer muy sofisticada. No es una narrativa para todo el mundo ni para todos los momentos. Es como caviar. Una cosa muy exquisita. Yo creo que es un secreto muy bien guardado (como decían en la feria del libro de Guadalajara). Estuvo en Bogotá 39 y yo la leo mucho. Para mí es un referente muy importante. Creo que un escritor que no lea a su generación está perdido en su megalomanía. Creo que ella es alguien cardinal.

¿Y los más jóvenes? ¿De los de la llamada “Generación 0” lees a alguno?

— La literatura cubana es como un pueblo que tiene casas dispersas, donde llueve mucho, y uno va cubriéndose con un periódico tratando de llegar de una casa a otra. La Generación 0 tendrá que multiplicarse y crecer. Ya veremos… Hay tanto que leer en todo el mundo. Yo compro tantos libros… Creo que hay que hacerlo cuando la gente te demuestra que lo hace bien. A veces compro cada libro, en mi propia Cuba, que es una gastadera de tinta por gusto. Uno está expuesto a la mala literatura como a la buena también.

Me llama mucho la atención, creo que viene de tus estudios de cine, el uso de la técnica del montaje que haces en tus novelas. El cómo las vas armando…

— Y también del arte contemporáneo. Del videoarte.

En mi opinión el escritor cubano contemporáneo se enfrenta a un gran problema: sus lectores están esperando que, de alguna manera, cuente su realidad. Que sea un cronista de su tiempo, un testigo de su época. Están (o estamos esperando) que nos cuenten (parafraseando a Lezama Lima hablando de José Martí) “ese misterio que nos acompaña”.

— En eso me fue muy bien con Todos se van porque todos los lectores y amigos de mi generación me agradecen muchísimo. Me dan ganas de llorar contarte esto… La gente me dice: “Gracias”, porque Todos se van fue como un himno, una cosa nuestra, colectiva. La escuela al campo, los padres movilizados, la sexualidad en las becas, la pérdida de la virginidad con un maestro, con un hombre mayor… Ahí está eso. Yo agradezco mucho haber tenido la luz de dejarme guiar por lo que fuimos. Este último libro no tiene nada que ver con Cuba. Es Centroamérica pura. Parte. Y si se narra Cuba es hacia los anales de la historia del protagonista o de la coprotagonista, que es una prostituta política. No creo que yo sea un cronista como pudo ser Lichi. Yo soy una escritora que trabaja muchos registros y donde la realidad le entra por la ventana. No escribo en primera persona, como en Los caídos(la novela de Carlos Manuel Álvarez). Es una novela muy naturalista, muy cercana al coloquialismo. Tiene más que ver con las novelas de Luis Rogelio Nogueras: Y si muero mañana y Nosotros, los sobrevivientes. Los personajes son muy naturales y tienen unos sufrimientos muy diarios. Yo trabajo con una literatura más performática donde la realidad entra y sale, pero donde el hombre (como puede ser Edmundo Desnoes en Memorias del subdesarrollo) tiene un gran problema que es muy universal y la heroína un gran problema, que puede ser la soledad. Y cuando abres el plano te das cuenta que está en ese contexto político. Pero si a esa mujer ahí, masturbándose en ese piso, tú le hubieses abierto el plano puede ser que sea en Praga, puede ser que sea Ana Frank con quince años… Es el problema del hombre y donde Cuba es un valor añadido. Siento que si nosotros nos dedicamos a trabajar solo para hablar en contra o a favor de Cuba se nos va a ir el momento. Y se nos va nuestro rol como autores delirantes de nuestra propia literatura. Creo que para encontrar un nuevo lenguaje, en una nueva generación, hay que hacerlo de una manera no naturalista (como hacen cine Iñárritu y Cuarón) y eso no está en la obra de los más jóvenes. Yo solamente lo he hecho porque tengo el diario como un paliativo. Y porque tengo el performance. La novela más realista, metida en un mundo deconstructivo e interesante, no la he encontrado dentro de Cuba. El “efecto Bolaño”, por ejemplo, para decirlo groseramente. Él habla de la realidad de México de una manera bestial. Hacia todos los sentidos. Esa manera de narrar no la he encontrado ni en la generación de Virgilio Pinera ni en la generación de nosotros, de Ena y mía. No hay una generación que pueda contraer y decontraer la realidad.

Te quiero preguntar por Leonardo Padura, quien creo que sí siente, o tiene, el compromiso y la voluntad de ser el testigo de su tiempo cubano. Y, también preguntarte, por Pedro Juan Gutiérrez, otro mundo y otra estética.

— Pedro Juan es el chico malo que hay en todas las literaturasde todas las grandes potencias literarias del mundo. En Brasil hay uno; Bukowski está donde está… En los mapas, en la peripecia de la literatura están. Lo que tiene Pedro Juan en la arena de su obra, cuando la ciernes, es un mundo marginal que él conoce como pocos y donde nosotros no nos podemos arrimar. Por mucho que queramos hacer lo que hace Pedro Juan, hay que ser verdaderamente terrible. Y meter el dedo en la miel y chupársela para poderentender que las mieles de lo marginal son verosímiles. Solo él puede hacer eso. Tú lees sus novelas y te das cuenta de que él vive en ese barrio, que esos son sus vecinos y que esas son sus mujeres. Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro, o los libros de Reinaldo Arenas, esa literatura está untada del semen y del sudor de sus escritores. Eso es algo tan coherente como sus propias biografías. Y cuando alguien ejerce una tacha sobre la obra de Pedro Juan, por ejemplo, yo hago como en los museos: doy cuatro pasos hacia atrás y con los ojos achinados me pregunto: ¿Está tachando la vida de Pedro Juan o la obra de Pedro Juan? Estamos hablando de que uno va a una librería y a nadie le ponen una pistola en la cabeza para comprarse un libro de Pedro Juan. Como a nadie le imponen alquilarse una habitación en la Centro Habana profunda (donde yo me crié con mi madre) porque siempre estará el Hotel Meliá Cohiba. Entonces es un balcón al que te puedes asomar o no. Es verosímil su sudor y su semen y para mí eso es una caja maravillosa. Es un regalo porque Cuba no es blanco o negro. Cuba también es Pedro Juan Gutiérrez. Es un pozo. Y si te quieres asomar y tu misma cara te seduce y te lleva al fondo, bienvenido. Mira a ver cómo emerges si quieres hacerlo. Pedro Juan es un ejercicio literario distópico. No todo el mundo quiere ver esa Cuba. Y a muchos de los más jóvenes les cuesta mucho entender que eso fue un residuo del período especial y del canibalismo literario de Pedro Juan. Inventado.

Con Padura estoy más parcializada porque es mi compañero de viaje, compartimos editoriales, festivales… Padura y su esposa Lucía son para mí como Gabo y Mercedes. Es un periodista que estudia mucho con un buen aparato de referencia. Tiene una vida cubana criolla en Mantilla. Se siente su sedimento. Y es un escritor clásico que, como Gabo, viene del mundo del periodismo. Te guste o no te guste es monolítico. Es algo que no se puede no validar al nivel de lo que escribe. Y si te pones a buscar tachas ahí, también, ves la tacha en ti mismo. Buscando defectos en El hombre que amaba a los perros te encuentras en el universo del hombre que creó Stalin en cada uno de nosotros. El pequeño Stalin que nos habita. Perseguidor. Creo que Padura, también como Pedro Juan, es algo en sí mismo, una caja sellada. Nadie obliga a leer a Padura.

La última pregunta, Wendy: ¿Qué es una novela para ti?

— Es una caja de regalo. Cuando me compro una novela es como cuando alguien te trae un regalo envuelto así, maravilloso, con un olor que puede ser a comino blanco de la India. Ese momento de ir derribando la novela, poseyendo la novela… No encuentro nada (ni siquiera el sexo) que me guste más que leer una novela nueva o encontrar un universo nuevo, un autor nuevo. Y le digo a todos los escritores cubanos, que son los que más critican a Padura y a Pedro Juan y demás animales del zoológico, que es una suerte tener una Cuba con todos esos nichos y que para escribir una mejor novela, tener un propio estilo, hacer un nuevo imaginario cubano, solo hay que hacer una cosa: ¡dejar de hablar basura y sentarse a hacerlo! Dejar de hablar tanto y el mejor homenaje: el diario cumplimiento del deber. Si las novelas de Padura no les gustan que escriban unas mejores.

Fotos: Internet

Original: https://medium.com/el-caimán-barbudo/wendy-guerra-la-literatura-cubana-es-como-un-pueblo-de-casas-dispersas-donde-llueve-mucho-b209f471f20a

Pandemia bizarra

Las anécdotas más insólitas y divertidas de este nuevo mundo bizarro

Lo más inesperado llegó y a todo el mundo agarró desprevenido. Nunca imaginamos pasar tanto tiempo dentro de nuestras casas, conviviendo con las personas y animales que la habitan o con nuestra soledad. Pocos previeron que el mundo entero padecería lo mismo y entonces nuestras rutinas tuvieran que parecerse mucho, al mismo tiempo que cambiaban abismalmente.

Las autoridades máximas en materia bizarra, Julio Patán y Alejandro Rosas, no quisieron dejar pasar todas esas historias que se han ido reuniendo a lo largo de la pandemia y que marcaron a la humanidad, entonces escribieron Pandemia bizarra (Planeta), un libro de colección, ilustrado y sanitizado, digno de ser regalado en las próximas fiestas a todos aquellos a los que no has podido ver en este largo tiempo. Es un tesoro de grandes anécdotas a nivel mundial y las que México ha podido abonar. 

“… teorías de la conspiración que hacen palidecer a los terraplanistas; los remedios más insospechados, que incluyen desde ajos y cebollas hasta cloro y dietas veganas; bautizos, bodas, graduaciones y sepelios vía streaming… o no; teibols convertidos en restaurantes de comida rápida con baile incluido; temblores, erupciones volcánicas, ovnis, un meteorito que atraviesa el cielo de Monterrey y un huracán nivel 4… fiestas covid con todo y apuestas; centros comerciales repletos al levantarse el confinamiento; cursos en línea…”

Con la característica pericia y astucia de Rosas y Patán, mientras nuestros días se basen en seguir perfeccionando las recetas de la abuela y en asistir a los diversos webinars que nos hemos agendado, Pandemia bizarra supera cualquier ficción apocalíptica y te acompañará en esta realidad anormal con todo lo de la cuarentena que no quieres recordar. 

Alejandro Rosas (Ciudad de México, 1969). Es divulgador de la historia y escritor. Habla con los muertos desde hace 30 años y le han revelado su pasado para escribir obras como Mitos de la Historia mexicana (2006), Sangre y fuego (2009), 365 días para conocer la Historia de México (2011) y 99 pasiones en la Historia de México (2012). No aspira a ser rockstar, pero le gustan los medios. Luego de terminar la trilogía Érase una vez México buscó ayuda psicológica y terminó escribiendo México bizarro (2017).

Julio Patán (Ciudad de México, 1968). Es escritor, periodista cultural y conductor radiofónico y televisivo. Conduce Hora 21 en Foro TV y es colaborador de los periódicos 24 horas y El Heraldo de México, donde hace gala de sus vastos conocimientos, su incisivo humor y su extraordinaria vena irónica. Es autor de Para entender a Martín Luis Guzmán (2009), Conspiraciones (2012), El libro negro de la izquierda mexicana (2012), Cocteles con historia (2014), Negocio de chacales (2015) y de los exitosos México bizarro 1 2(2017 y 2019).

El color del privilegio

El racismo cotidiano en México

El racismo es un tema que se aborda con frecuencia. En nuestro país y en cada ámbito de la vida social es un fenómeno latente, pero ¿qué significa ser racista? Nuestro lenguaje, el humor con el que nos expresamos, lo que consumimos en la televisión, lo que compartimos en nuestra virtualidad, en cada detalle hay una forma de racismo guardada. Es algo normalizado.

Hernán Gómez Bruera, en El color del privilegio (Planeta), rompe el silencio en torno a la conversación del México racista. A través de una investigación y análisis de hechos cotidianos, declaraciones y actos de personajes de la vida pública, desentraña la estructura social y económica de un sistema que brinda ventajas a un sector de la población, al tiempo que discrimina y segrega a otro.

“Sucede que para ser o dejar de ser racista poco tiene que ver el que uno sea buena o mala persona. Tampoco hace falta estar consciente de que uno es racista. De hecho, las principales manifestaciones del racismo en México se producen sin que tengamos la menor conciencia de ellas.”

El color del privilegio abre la conversación ante el necesario debate que exige esta problemática social. Con tono incisivo, agitador y tomando mano de ejemplos en redes sociales, Hernán Gómez invita a la observación para lograr encaminar la solución de una de las cuestiones que históricamente han marcado al país y que, según el autor, es una responsabilidad que recae en el individuo. 

“… el racismo no es algo que practican los otros, mientras uno lo observa desde la distancia. Implica aceptar que en cada uno de nosotros vive un racista que debe aprender a identificar dónde guarda ese racismo y de qué distintas maneras lo practica.”

Hernán Gómez Bruera es periodista, analista político e internacionalista; conductor en La Octava, canal 8.1; escribe la columna «Fuera de Tono» en El Heraldo de México, también ha escrito para El Universal y fue comentarista en La Hora de Opinar, de Foro TV. Ha publicado artículos académicos en revistas especializadas y libros sobre política latinoamericana como Desde el sur (2005) y Lula, el Partido de los Trabajadores y el dilema de la gobernabilidad en Brasil (2015), en México (FCE) y Estados Unidos (Routledge). Es doctor en Desarrollo por la Universidad de Sussex.

Twitter: @HernanGomezB.

El libro de las grandes preguntas

Preguntar para encontrar la verdad y para vivir mejor

El libro de las grandes preguntas (Planeta), de Warren Berger, es un estupendo compendio de más de 200 situaciones comunes en la vida, en el trabajo y en las relaciones que mueven a reflexionar acerca de lo que en realidad sabemos.

Como periodista, Berger descubrió la importancia de hacer las preguntas correctas no solo a sus entrevistados, sino para conocer la importancia de un tema y de su correcto abordaje; por eso decidió convertirse en cuestionólogo.

Las preguntas, nos dice, van más allá de la simple creencia o suposición y reorganizan la manera de pensar; no se conforman con algo aparente que puede ser falso o erróneo, sino que piden información y constatación. Por lo tanto, pueden ser útiles para procesos de liderazgo y toma de decisiones, mejorar nuestras relaciones o para desarrollar las habilidades creativas que poseemos.

El libro de las grandes preguntas es un recordatorio de la importancia del cuestionamiento para encontrar respuestas que sirvan a nuestros mejores intereses, y nos permitan maximizar el aprovechamiento del tiempo y otros recursos.

«—¿Cómo estás? ¿Cómo te ha ido? ¿Qué hay de nuevo?—. Estas preguntas de rutina carecen de los ingredientes —interés genuino, curiosidad y expectativas— que invitan a respuestas más significativas.»

Warren Berger es un periodista estadounidense y dueño del sitio AMoreBeautifulQuestion.com. Las preguntas son el tema central de su trabajo. Ha escrito numerosos libros y artículos, principalmente sobre innovación, creatividad, diseño, medios de comunicación y cultura popular. En 1990, fundó su negocio de escritura independiente, con The New York Times como uno de los principales medios para su trabajo. Sus reportajes han figurado en GQLos Angeles Times MagazineNew York MagazineReader’s Digest y Business 2.0. Se desempeñó como editor colaborador en la revista Wired de 1999 a 2001. Ha aparecido en CNN, Today de NBC, World News Tonight de ABC y All Things Considered de NPR. También ha dado conferencias internas para NASA, General Electric, ADP, Little Caesar’s, Citrix y Microsoft, entre muchos otros.

Hijos y soldados

El Reich alemán los hizo sus enemigos; ellos se volvieron los peores de todos

La Alemania de Hitler despojó a los judíos de su nacionalidad y de sus derechos, y eventualmente los aniquiló en masa. Unos cuantos jóvenes fueron enviados lejos por sus familias para salvarlos de la persecución, y después volvieron para combatir a los nazis y buscar a sus padres y hermanos. Bruce Henderson nos cuenta sus historias en Hijos y soldados (Crítica).

Prácticamente nadie, ni los alemanes ni los Aliados, y mucho menos ellos mismos, tenían en un principio idea alguna acerca de su importancia en la guerra que se libraba en Europa; siendo adolescentes, casi unos niños, llegaron a América de manera azarosa, sin recursos y enfrentando prejuicios por su origen alemán. Sin embargo, su lengua materna y su conocimiento de la cultura y la mentalidad germanas, habrían de ser sus armas principales.

Con minucia investigativa que incluye fotografías oficiales de la época, Henderson nos guía por los pormenores de estas vidas, desde la aventura del escape y el dolor de la separación, las duras jornadas de preparación en secreto, para luego seguir a los protagonistas —los «Ritchie Boys», llamados así por el lugar en que fueron entrenados, el Camp Ritchie— en sus andanzas durante los años de los combates más brutales en Francia, los Países Bajos y Alemania al fin.

Hijos y soldados reconstruye ambiciosamente un episodio ignorado hasta ahora por el cine y las series de televisión, con electrizantes momentos de tensión; los Ritchie Boys hablaban como el contrario, sabían demasiado sobre él, pero estaban del lado estadounidense. Ahora eran de los suyos, y fueron indispensables para alcanzar la victoria.

«Nacido y criado en Berlín, había conocido de primera mano el ascenso al poder de los nazis en 1933, y durante años había vivido sintiéndose humillado, amenazado y temeroso. Eso no cambió hasta que emigró a Estados Unidos. Ahora, el final de la guerra contra Hitler y los nazis le parecía casi una cuestión personal.»

Bruce Henderson es periodista y escritor galardonado, ha sido profesor de escritura e investigación en la Escuela de Periodismo de la USC y en la Universidad de Stanford. Es autor o coautor de más de veinte libros de no ficción.

Día de la Revolución Mexicana

Democracia y literatura

El gran movimiento social del Siglo XX conmemora este año su 110 aniversario. El 20 de noviembre de 1910, la sociedad mexicana se movilizó gracias a la iniciativa de Francisco I. Madero. La lucha armada buscaba poner fin a la dictadura de Díaz, pero también lograr la libertad y justicia para todo el pueblo. Grupo Planeta recuerda a través de algunos de sus títulos a los personajes y la historia de la Revolución Mexicana.

En 1910 se alteró el orden social, político y económico en un capítulo bien conocido de la historia de nuestro país, sin embargo, poco se ha reflexionado sobre lo que había más allá y dentro de la conformación de esta lucha. En Breve historia de la Revolución Mexicana (Crítica), Pedro Salmerón y Felipe Ávila afirman que esta se formó a base de una revolución maderista, una zapatista, una villista y la triunfante constitucionalista; cada una de estas le daba continuidad a una lucha en particular, exigencias acumuladas en los siglos anteriores que compartían una resistencia contra la opresión. Disponible en formato físico, electrónico y audiolibro. 

La vida en el México posrevolucionario ha sido de amplio interés dado el cambio social, psicológico y económico que devino. Los relámpagos de agosto (Joaquín Mortiz) de Jorge Ibargüengoitia, narra las memorias de José Guadalupe Arroyo, “Lupe”, un general revolucionario que cometió toda clase de inverosímiles y vergonzosas fechorías durante su participación en la lucha. Este clásico imprescindible ha servido a través del tiempo para entender el desastroso nacimiento de la democracia en un país asolado por la injusticia, el abuso de poder y la traición. Título disponible en formato físico.          

Zapata (Crítica), de Felipe Ávila, trata sobre lo que ha significado este personaje. Para la historia de la lucha revolucionaria, pero incluso hasta nuestros tiempos. Es símbolo del agrarismo, de la lucha por la tierra, la justicia y la libertad. En este libro, Ávila nos cuenta la historia de quien desafió a Madero, de quien combatió a Huerta y de quien se unió a Villa para derrotar a Carranza; del hombre rebelde e intransigente que puso sello a la Revolución Mexicana.  Este título  está disponible en formato físico, electrónico y audiolibro. 

MÚSICA, SÓLO MÚSICA

Murakami & Ozawa

Unas deliciosas conversaciones que contagian la pasión y el placer de escuchar la música con oídos nuevos.


 Todo el mundo sabe que a Haruki Murakami le apasionan tanto la música moderna y el jazz como la música clásica. Esta pasión no solo le llevó a regentar en su juventud un club de jazz, sino a impregnar de referencias y vivencias musicales la mayoría de sus novelas y obras. En esta ocasión, el escritor japonés más famoso del mundo comparte con sus lectores sus querencias, sus opiniones y, sobre todo, sus ansias de saber sobre un arte, el musical, que hermana a millones de seres humanos en todo el mundo.

Para ello, a lo largo de dos años, Murakami y su amigo Seiji Ozawa, antiguo director de la Boston Symphony Orchestra, mantuvieron estas deliciosas conversaciones sobre conocidas piezas de Brahms y Beethoven, de Bartok y Mahler, sobre directores de orquesta como Leonard Bernstein y solistas excepcionales como Glenn Gould, sobre piezas de cámara y sobre ópera. Así, mientras escuchan discos y comentan distintas interpretaciones, el lector asiste a jugosas confidencias y curiosidades que le contagiarán el entusiasmo y el placer de disfrutar de la música con oídos nuevos.

 MURAKAMI, de la Introducción «Mis tardes con Seiji Ozawa»:
(…) En una de las ocasiones en que Seiji Ozawa vino a visitarme a mi casa, escuchamos música y conversamos distendi-damente. Me habló de sus recuerdos de cuando Glenn Gould y Leonard Bernstein interpretaron en Nueva York en 1962 el Concierto para piano n.º 1 de Brahms. Según él, fue una experiencia irrepetible, y a medida que me lo contaba, me decía a mí mismo: «¡Qué lástima que una historia tan fascinante se pierda sin más! Alguien debería grabarlo o dejarlo por escrito». Y entonces pensé que esa persona podía ser yo mismo. Aun a riesgo de pecar de inmodestia, confiesoque no se me ocurrió otra persona que pudiera hacerlo. (…)


(…) A pesar de mi gran afición por la música a lo largo de los años, nunca he recibido una educación formal al respecto. Puedo decir que soy un amateur absoluto. Apenas tengo conocimientos específicos en la materia, de manera que es posible que en el transcurso de nuestras charlas hiciera, en ocasiones, comentarios erróneos o incluso pecase de cierta descortesía. Pero el maestro Ozawa es una persona a quien no le preocupan nada esas cosas y siempre se mostraba pre-dispuesto a reflexionar sobre lo que yo le proponía, a darme su visión personal de las cosas. Le estoy muy agradecido por ello. (…)

Haruki MURAKAMI (Kioto, 1948), el autor japonés más conocido en todo el mundo, ha recibido numerosos premios y en España ha merecido la Orden de las Artes y las Letras y el Premi Internacional Catalunya 2011. Tusquets ha publicado veinte de sus obras, entre ellas las aclamadas novelas Tokio bluesKafka en la orilla1Q84 y La muerte del comendador.


Seiji OZAWA (Shenyang, 1935) ha dirigido la Boston Symphony Orchestra durante treinta años, así como la Toronto Symphony Orchestra y la San Francisco Symphony, entre otras.

La habitación donde sucedió

Un relato desde el corazón de la Casa Blanca

El avezado servidor público John Bolton, fue testigo cercano del juego que sucede dentro de la Casa Blanca. Como asesor de seguridad nacional de Trump, observó el corto criterio de toma de decisiones y las reacciones poco reflexionadas del actual mandatario de Estados Unidos, sabiendo, de acuerdo a su experiencia, que el análisis, la planificación, el rigor, la disciplina intelectual, la evaluación y la corrección, son habilidades fundamentales para un presidente. “No basta con las apariencias”.

La habitación donde sucedió (Espasa), escrito por John Bolton, es una rememoración de los días en los que desarrolló sus funciones como uno de los elementos más cercanos al polémico mandatario. Es un análisis de los momentos cruciales desde la perspectiva que le brindó su estadía en Washington, pero también el respaldo que le dio su participación en la administración de los Bush. Es otra mirada a las reuniones que el 45° presidente estadounidense tuvo con los mandatarios de otros países, las determinaciones bélicas e internacionales, los caprichos, el actuar frente a la pandemia que vivimos hasta ahora y el resistente deseo de reeleción. 

“… debido a las circunstancias en las que me marché de la Administración y al ambiente político que había mientras lo escribía, estaba claro que Trump haría lo posible para evitar su publicación, al menos hasta después de las elecciones presidenciales de 2020. A la vista de esta hostilidad sin precedentes (…) decidí someterme a la revisión de confidencialidad, a pesar de que estábamos seguros de que no era necesario porque el manuscrito no contenía ningún material que legítimamente pudiera considerarse «secreto». Pero en tiempos de Trump, las normas habituales no solían ser aplicables.” 

La administración actual de la Casa Blanca intentó impedir la publicación de estas memorias, argumentando que incumplía con acuerdos de confidencialidad y que resultaba riesgoso para la seguridad nacional del país.  Este es uno de los pocos libros, si no el único, escrito por un funcionario del más alto nivel. La cercanía a Trump le ha permitido a John Bolton hacer una precisa radiografía de sus días en el Despacho Oval y de un presidente para el que ser reelegido es lo único que importa, poniendo de manifiesto su desconocimiento de la política exterior o las continuas trasgresiones durante su mandato.

John Bolton ha pasado muchos años en la Administración pública y ha ocupado puestos de alto nivel para los presidentes Ronald Reagan, George H. W. Bush y George W. Bush. Entre 2005 y 2006 desempeñó el cargo de embajador de Estados Unidos en Naciones Unidas, y entre abril de 2018 y septiembre de 2019 fue consejero de Seguridad Nacional.

Los niños del verano

La tercera entrega de El jardín de las mariposas, te robará el sueño

Un nuevo caso se presenta para los agentes de la Unidad de Delitos contra Menores del FBI, pero es algo para lo que nadie está preparado. Misteriosamente, algunos niños violentados llegan a la casa de la agente Mercedes Ramírez. Esto es solo el inicio de un suceso que la arrastrará a la oscuridad y a revivir un episodio de su propio pasado. 

En Los niños del verano (Planeta), Dot Hutchison vuelve a hacer uso de su particular estilo al narrar un thriller cargado de sensaciones, intenso y emocional. Esta es una entrega más de la serie El jardín de las mariposas.

Una noche al llegar a su casa, Ramírez se encuentra con un niño ensangrentado abrazado a un oso de peluche. Al preguntarle qué le pasó, le cuenta que un ángel mató a sus padres y lo llevó hasta allí para que ella lo protegiera. Se trata del asesinato más atroz y violento que se haya conocido en la unidad especializada. 

“Hay un punto en este trabajo en el que esperas que las cosas se vuelvan menos dolorosas. La pasas mal en tus primeros casos y confías en que, en algún momento del incierto futuro, te acostumbrarás como tus compañeros, y lo que veas y leas te afectará menos. Un día, verás a un niño que ha sufrido abusos que ni siquiera puede nombrar, y eso no destrozará algo dentro de ti. Pero nunca pasa.”

A partir de ese momento, otros niños se dan cita en el domicilio de Mercedes. Todos relatando la misma historia. Todos con algo en común y obligados a presenciar la manera en que sus padres fueron asesinados.

Un ángel vengador está suelto impartiendo su justicia salvaje. En el seguimiento del caso, la agente se enfrenteará con su propio dolor y cada crimen abrirá las heridas que por años ha tratado de cicatrizar. Si no consigue dar con el delincuente, será demasiado tarde para ella también.

Dot Hutchison. Es autora del bestseller internacional El Jardín de las Mariposas (Editorial Planeta) la primera entrega de la serie El coleccionista, que será llevada a la pantalla grande. También escribió Las rosas de mayo (Editorial Planeta) A Wounded Name, una novela juvenil basada en Hamlet de Shakespeare. Ha trabajado en un campamento de boy scouts, una tienda de artículos para manualidades, una librería y la Feria Renacentista. Le encantan las tormentas eléctricas, la mitología, la historia y las películas que pueden y deben verse una y otra vez.

Redacción sin dolor

Grupo Planeta se une a la profunda pena que embarga a los familiares, lectores y alumnos del poeta, ensayista, traductor, editor y crítico literario Sandro Cohen por su fallecimiento ocurrido el pasado jueves 5 de noviembre, en la Ciudad de México.

                Escritor de Redacción sin dolor, Sandro llegó a México en la década de los setentas y en 1982 fue naturalizado. Se doctoró en Lengua y Literatura Hispánica por la Universidad Nacional Autónoma de México y también fue un reconocido docente en la Universidad Autónoma Metropolitana, a la que dedicó 40 años de su vida.

Aficionado del ciclismo, de ahí su libro titulado Zen del ciclista urbano, Cohen se involucraba a fondo en temas que la causaban curiosidad y placer. Entregó no solo conocimiento e investigación, sino también la pasión de alguien que disfrutaba hablar por igual de las letras que de las bicicletas. 

Meticuloso y brillante, siempre con una contestación insólita en entrevistas y en conversaciones, deja un gran legado en la enseñanza de letras y escritura. 

“Las ocurrencias pueden ser muy buenas, mas no son confiables cuando se trata de dominar el ejercicio de la redacción, un noble oficio que, lejos de estar en vías de extinción, se está volviendo cada vez más necesario y ubicuo en nuestra vida diaria, ya que pasamos incontables horas frente a pantallas, mediante las cuales nos comunicamos, casi siempre, gracias a la palabra escrita.”

Sandro Cohen (Newark-Nueva Jersey, Estados Unidos, 27 de septiembre de 1953)

Poeta, ensayista, traductor, editor y crítico literario. Dedicó gran parte de su vida a la enseñanza de Redacción, Metodología de la Lectura, e Investigación Documental en la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Entre sus libros de poesía se encuentran De noble origen desdichadoA pesar del ImperioAutobiografía del infielLos cuerpos de la FuriaLínea de fuegoCorredor nocturnoDesde el principio Tan fácil de amar. Publicó las novelas Lejos del paraíso y Los hermanos Pastor en la corte de Moctezuma, amén de un volumen de cuentos titulado Por la carne tambiénRedacción sin dolor se publicó por primera vez en 1994 y lleva vendidos más de 150 mil ejemplares.